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viernes, 16 de diciembre de 2011

Un pueblo escondido y una mina olvidada






por Guillermo Goldes

Floreció en la época en que la extracción de tungsteno era rentable. Pasó definitivamente al olvido cuando China copó el mercado mundial. Hoy es una aislada meca para el turismo aventura enclavada en las sierras de Córdoba.

La zona es agreste y hace honor a su nombre: Cerro Aspero. Se puede llegar a pie o en vehículos todo terreno. Se encuentra unos 60 km al Oeste de la Central Nuclear de Embalse, provincia de Córdoba, y 20 km el Este de la puntana Villa de Merlo. Las instalaciones de extracción y procesamiento de tungsteno de Pueblo Escondido se encontraban en la confluencia de tres arroyos serranos cuyas aguas eran vitales para el lavado de los minerales, que se extraían sin el uso de productos químicos.

En su época de esplendor había en Pueblo Escondido decenas de trabajadores, instalaciones de molienda, concentración y separación de minerales por medios mecánicos, una usina propia, hospital, viviendas para mineros y jefes, teléfono. También un cablecarril de 300 metros de longitud para bajar el mineral hasta la planta y un surtidor de combustibles, entre otras facilidades. Pero no había geólogo. Sí mineros expertos, muchos traídos de Chile y Bolivia.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Las antiguas usinas inglesas del río Ctalamochita

Memorias del centenario…


Los edificios de las usinas inglesas del río Ctalamochita representan el único testimonio del primer proyecto hidroeléctrico de la zona. Uno de ellos alberga el museo municipal ingeniero Alba Posse. Otro, el que corrió con la peor suerte, está sumergido en el lago Piedras Moras. Y finalmente, el menos conocido, perdido en los laberintos del monte serrano y del tiempo, se yergue orgulloso, conservando gran parte del esplendor pasado.

A comienzos del siglo XX el río Ctalamochita era conocido por los lugareños como río Grande (1). Este curso de agua, calmo y ancho, en época de lluvia dejaba su mansedumbre para transformarse en una incontenible masa de agua que arrasaba todo cuanto encontraba a su paso, especialmente río abajo en la zona del llano, donde provocaba grandes pérdidas a las actividades agropecuarias.

Alertados sobre este problema, y conociendo los beneficios obtenidos en Almafuerte debido al aprovechamiento del río por medio de los canales de riego ideados por el doctor Pedro C. Molina, los responsables de la compañía inglesa que construía el tramo Buenos Aires-Almafuerte del Ferrocarril Central Argentino, vislumbraron el enorme negocio que significaría transportar los granos de las cosechas de la zona si se lograba controlar al impetuoso del río (2).